miércoles, 27 de septiembre de 2017

Lost in Ensenada



Llegué a Ensenada en febrero del 2011. Reinicié una nueva vida al lado de Carmen y además a las cuatro semanas exactas encontré trabajo de editor en una universidad privada.
Mis dos hijos llegaron poco después y al parecer la ciudad no les cayó mal. Me perdí en Ensenada y no he querido salir de este sitio donde el dinero tiene un valor muy distinto, el trabajo corre a otra velocidad incluso la vida es más lenta.
Hace tiempo renuncié a intentar convencer a mis antiguos compañeros de trabajo que 26 grados centígrados realmente no es un calor para quejarse y que, en todo caso, a unas cuantas cuadras de distancia hay una playa que recibe al Pacífico con todo su frescor.
Este puerto a 110 kilómetros de la frontera con San Diego a veces lo veo como el patio trasero de un almacén de marca. Hay un mercado de segunda mano tanto de vehículos como de electrodomésticos y ropa que cubre una parte de la demanda de la ciudad. No es raro encontrar algún mueble de gran valor, desechado por los consumistas norteamericanos.
Aunque el embargo atunero desinfló la economía a principios de los 90, la ciudad le apuesta al turismo y en general al sector de servicios. Me gusta caminar por la calle Primera, llena de cafés, restaurantes y bares, disfrutando de un clima la mayor parte del tiempo entre los 14 y 22 grados centígrados.
Esta tranquila ciudad recibe cruceros que atracan de paso en su camino hacia California o hacia el Caribe. En teoría, estas visitas aportarían ingresos importantes a la ciudad. Durante julio del 2017 están programados 147 arribos de crucero, cada embarcación con una capacidad promedio de 2 mil 411 pasajeros. Hablamos de 350 mil visitantes al año cargados de billetes verdes. La realidad es que más de la mitad no descienden del barco y de los que bajan a pasear apenas se gastan unos 60 dólares. Muy pobre la apuesta o ineficaz la estrategia.

En dónde está el glamour
El glamour que yo conocía del Reyno aquí no representa ningún brillo. A Monterrey le gusta exigir, le gusta no sólo tener, sino aparentar: marcar la distancia social. Un capitán de empresa, un directivo, difícilmente se encontraría en las mismas reuniones que los empleados. En Ensenada esa distancia es mucho menor. En este puerto es posible que el dueño de una empresa con una nómina de más de 20 millones mensuales, conviva con el empleado más modesto durante alguna reunión de fin de año. En dónde quedó el glamour. No me podré quejar en este caso de la sencillez del ensenadense.  
La aristocracia de la Cenicienta del Pacífico es reducida. Tres o cuatro familias son las grandes dueñas, pero lo suyo no es la ostenación. La diferencia con Monterrey es que más de la mitad de los 520 mil habitantes son ensenadenses “nuevos”: es un municipio —el más grande del país— con amplia población migrante.
En su extensión, que representa el 80 por ciento del territorio del estado de Nuevo León, confluyen no sólo sangre japonesa, irlandesa y rusa, sino con un buen número de migrantes originarios de Mexicali, y de los estados de Sinaloa, Oaxaca, Guerrero. No falta tampoco algún prominente empresario de origen regiomontano —¡faltaba más!—, por todo esto no es común encontrar muchos ensenadenses con abuelos nacidos en este mismo puerto.

Destino turístico
Desde hace años he pensado que, simbólicamente Monterrey es la ciudad estadounidense más meridional. Nuestro modelo de crecimiento es más parecido a San Antonio, Texas, que a cualquier otra ciudad mexicana. Hay razón en ello. Desde los tiempos de don Bernardo Reyes se fortaleció la visión del noreste de México y el sur de Texas como una misma unidad económica. La industria fría se multiplicó setenta veces siete y nos dio ese orgullo de ser del norte.
Pude notar esta noción de progreso cuando en una de mis visitas a Monterrey descubrí que donde hasta hacía poco tiempo estuvo el Mercado Colón, se alzaba un moderno edificio de 48 pisos y 200 metros de altura. Su construcción me pareció muy veloz.
Ensenada en cambio permanece casi intacta en los últimos seis años. Aún no entiendo por qué no se ha “vendido” como el destino turístico internacional que debería ser. Sí, es cierto, tiene la Baja 1000 y la Baja 500, el Valle de Guadalupe reserva el mejor recorrido vinícola del país y su clima es uno de los más estables y agradables del país, sin embargo sigo con la idea de que este rincón se conoce poco.
Quiero mucho a Ensenadita. Un día quizá regrese. Aún no me animo. Se come bien aquí. Hace tiempo se me perdió la cadenita, pero este cabrito que anda zonceando en el malecón aún no se quiere regresar.

(Julio de 2017).

Ps. Este cabrito ya no anda zonceando en el malecón.




lunes, 25 de septiembre de 2017

Jóvenes empoderados




Siento curiosidad por saber qué postura tomarán los jóvenes frente a las elecciones presidenciales del 2018. Su capacidad de organizarse frente a una emergencia podría poner de rodillas, si se lo propusieran, al Instituto Nacional Electoral con su propuesta de solicitar 7 mil millones de pesos para los comicios y un sistema electoral que en algunos lugares huele a comida podrida bajo escombros. La práctica de ciudadanía de estos muchachos los empodera; tan pronto como se den cuenta de ello, algunas instituciones, como por ejemplo los partidos políticos, comenzarán a cuartearse

domingo, 24 de septiembre de 2017

Me hizo bien Monterrey



Estuve en Monterrey, mi tierra natal, dos semanas. En el camino de regreso, pensaba: me hizo muy bien reír, me hizo bien llorar, me hizo bien bailar, me hizo bien sentir amor, me hizo bien cargar a mi sobrina a quien no conocía y que ya cumplió quince meses. Me hizo bien hablar horas con mis padres, me hizo bien ver a los amigos, beber cerveza y estar en el café donde varias horas transcurrieron como si fueran 30 minutos.
Me sentí querido, me sentí amado, me sentí llevado, me sentí traído.
Monterrey y yo tenemos un asunto pendiente.

martes, 5 de septiembre de 2017

Cuánto gana un escritor





Muchos escritores se ganan la vida como ingenieros, meseros, burócratas, en el periodismo o en la docencia. Otros dan talleres o redactan trabajos por encargo. Pocos son los que obtienen una beca, ya sea oficial o de un mecenas, y menos aún los afortunados que obtienen un premio que les otorgue viento fresco a su economía. Este texto habla de la minoría de la minoría: los que viven enteramente de la venta de sus libros.
Como regla general cada autor publicado en una editorial comercial recibe entre el 9 y 10 por ciento del valor de portada por cada libro vendido, digamos que 20 pesos por cada ejemplar que cueste 200 pesos al público.
Los tirajes de una obra literaria, en su mayoría novela o alguna saga juvenil, constan de entre mil y tres mil ejemplares. Las regalías se suelen pagar luego de un corte al año de ventas y en algunas ocasiones se hacen cada seis meses.
Así, si un autor vende mil ejemplares de 200 pesos en seis meses, recibiría 20 mil pesos, lo que equivale a 3 mil 333 pesos por mes. Y vaya que vender 166 ejemplares mensuales es todo un éxito de ventas.

Las rebanadas del pastel
De forma general, del precio de venta al público, 20 por ciento corresponde a lo que costó producir el libro. Las librerías —como Sanborns— obtienen un porcentaje cercano al cincuenta; 10 por ciento son para el autor y el 20 por ciento restante es la utilidad de la editorial, que debe pagar nómina, luz, permisos y encargarse de darle difusión a sus autores, que cuesta muchas horas de logística, publicidad y manejo de medios.
Volviendo al punto, el “sueldo” de un escritor es pequeño y sobre todo es incierto. ¿Quién garantiza cuántos libros se venderán? Si un libro toca un tema importante para una ciudad del país ¿habrá suficientes ejemplares en esa plaza en relación con otra donde el libro se perderá en los estantes? En mi experiencia como lector y coordinador de talleres literarios me consta que la calidad es un factor de ventas, pero no suele ser el que más peso tiene. Las ventas de un libro están sujetas a las leyes de un mercado en el que influyen las reseñas, el tema que aborda, el género, el prestigio y las relaciones del autor, el momento en que se publica su libro y las recomendaciones de boca en boca.
Evidentemente un autor que ha obtenido cierto renombre, o ha publicado un libro de cierto impacto editorial tiene más posibilidades de obtener mejores ventas por un nuevo título. También venderá más si el libro es escrito o habla acerca de un personaje histórico o una celebridad.

La duda que carcome
Si las editoriales le pagan al autor el 10 por ciento del precio de portada ¿cómo saber exactamente cuántos se han vendido?¿Cómo saber si se ha reimpreso y cuántos ejemplares más se han producido? No hay manera de comprobarlo. Prevalece la confianza puesta en la casa editora quien, además, arriesga su capital y da cobijo con su poderosa marca a un autor que desea ansioso ser publicado. No cuento con el dato preciso, pero apuesto que cada editorial de prestigio tiene una lista de decenas de autores tocando a su puerta… y que son rechazados.  ¿Es posible brincarse a la editorial? Hay quien piensa que sí y lo ha hecho. Recomiendo el video de Hernán Casciari, titulado “Cómo matar al intermediario”, dentro de las charlas Ted como una muestra de un trabajo editorial innovador.
Con todo, me pronuncio a favor de fortalecer la industria del libro, sin perder de vista que desde hace unos 15 años a la fecha hay editoriales independientes con trabajos de mucha calidad, que emergieron y ahora cortan su rebanada del pastel en la industria y nos están convidando de textos riquísimos. ¿Usted ya las probó?

lunes, 4 de septiembre de 2017

Agradecimiento





Durante un lapso de unos siete años mantuve una relación de pareja. El distanciamiento no fue sencillo. Una parte de la labor fue* limpiar los restos y pasar de lleno al terreno del agradecimiento, porque parte de mi crecimiento se lo debo a ella; fue una persona importante en mi vida. La admiración y el respeto que le guardo quedan intactos, pues puedo afirmar que en la vida he conocido a poquísimas personas con esa inteligencia emocional, tan amplia en ella. Me consta que en pocos años creció varias versiones, como si un Iphone saltara de la versión uno a la cuatro y después a la ocho.
Ahora que ha emprendido otro camino sé que está bien acompañada. Es exigente y no se va con la misma oferta que su vez anterior. Por eso y porque tiene una seria incapacidad para ser infeliz, sé que su vida seguirá en paz, plena y llena de sencillos disfrutes, grandes y pequeños. Porque su forma de percibir el mundo también ha cambiado, se ha enriquecido.
Estoy contento por ella porque la sé feliz.

Gracias, Carmen.



*Fue, era, había sido, hubo sido, ha sido: El castellano tiene en el modo indicativo, diez tiempos verbales; empleo los cinco que están relacionados con alguna forma de pasado. 

Cerati público



No voy a hablar del talento de Gustavo Cerati. Sé que ha sido querido y admirado y que sus letras han trascendido varias generaciones. Soy partidario de que a un creador o creadora se le debe conocer y en su caso apreciar por su obra y no por su vida privada.

También he husmeado un poco en los camerinos de Soda Stereo, y como soy dado a ver los hechos bajo la óptica bajo una perspectiva de género, me surgen algunas preguntas.

¿Damos por sentado que una estrella de rock practique todo tipo de excesos relacionados con el sexo y las drogas a tal punto que no afectan su imagen pública?

¿Si fuera el caso de una creadora (mujer) dada a excesos sexuales y de sustancias no habría ya algunos libros al respecto?¿La imagen de su apariencia física sería un punto a discusión y debate?

Cerati seguirá siendo el compositor que dio vida a una parte muy importante del rock en Latinoamérica. No importa cuántos cocteles mezclados con alcohol necesitara para hacerle frente, por ejemplo, a los 22 años de la modelo Chloe Bello entre otras tantas mujeres que se cruzaban por su salita.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Meditación



No soy una persona religiosa, me considero agnóstico, sin embargo, y debido que me parece que la mente, la inteligencia y la conciencia humanas han mostrado tener límites, intuyo que hay conocimientos, ámbitos o dimensiones que existen aun y cuando no los percibamos —o renunciemos a percibirlos— por medio de los sentidos o la razón.

Desde hace algunos meses asisto a unas clases de meditación. Son sesiones de una hora y media a la semana en donde de forma dirigida los asistentes nos ejercitamos en concentrar la atención despierta en un momento presente, completamente en blanco.

Ocasionalmente practico esos ejercicios en casa y la verdad me está gustando y me está sirviendo. El camino son solamente la suma de momentos presentes. No significa que no haya dirección, sino que la prioridad es el presente y realizar cada acción en su momento.

Ahora que trabajo por mi cuenta esto me está ayudando. Principalmente para soltar y ver las cosas como son, despegarse del pasado y no casarse con un futuro que no existe. Ver la mente como un lago en calma, sin negar lo que hay, pero tampoco sin chacualear nomás porque sí.

La meditación me ha ayudado a proveerme de paz y también me ayuda a desear el bien hacia personas a quienes no puedo hacer otra cosa más que eso, desearle el bien y la paz. La alegría de las personas que me importan me puede dar gusto. La palabra clave es desapego. Sí cuesta, lo admito.

Equivale a mirar con serenidad lo que hay en el corazón y no moverse, sólo aceptarlo, contemplarlo, vivir.

Sólo lo que puedo hacer conmigo está en mi manos, y eso en sí es un camino de paz.

*

A propósito de crecimiento, estoy aprendiendo inglés desde casa mediante una aplicación. Diario tomo mi clase. Ya no me pregunto si me gusta el idioma inglés o no, simplemente lo hago. Y en mis prácticas he traducido quizá más de dos mil frases muy sencillas, de una sintaxis simple y un aliento de agua.
Por ejemplo I love you are.