lunes, 30 de noviembre de 2009

¿Cuánto vale?

¿Cuánto vale la posibilidad de viajar a otra ciudad?
¿Cómo se mide la capacidad de conocer otros lugares?
¿Cómo se dimensiona el poder estar en paz con uno mismo?
¿Cómo se calcula el nivel de bienestar personal a través de los días, de las semanas, de los meses?
¿Cómo se cuantifica la salud de las relaciones personales, en especial con quienes queremos?

No sé. Supongo que se puede saber un poco de esto cuando uno come bien, duerme bien y sonríe con mucha facilidad.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Cerrado por inventario

Pero el amor no se inventa. Señoras y señores tengo cosas que hacer, así es que si me llego a sentar ante una computadora, será de pura chiripada.
Muchas gracias.

Frase matona para cerrar con un lazo la puerta de esta semana:

"Quién fuera blog para que me visites todos los días".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

IS

El bebé de Daniel aún no nace.

Día de la no violencia

Para celebrar (¿celebrar, seguros?) el día de la no violencia contra la mujer propongo hacer votos para dejarlas en paz de una vez por todas, y hacer el amor con nuestra mujer.

Tres regalos

Hay tres cosas importantes en la vida: el amor a uno mismo, el amor a los hijos y saber bailar. El resto se desprende de éstas.

martes, 24 de noviembre de 2009

Entrevista en el programa de Genaro Saúl Reyes

Entrevista acerca del libro De lunes a diciembre.

La fortaleza interior

En un libro que estoy leyendo me encontré con esta idea que me llamó mucho la atención. Se las comparto:

"El mundo pone a prueba a las personas, no porque otros sean abusadores,
sino porque el individuo carece de control interno y disciplina. La gente que no tiene fortaleza interior, a menudo pasa a ser víctima de quienes poseen autodisciplina".

lunes, 23 de noviembre de 2009

El margen

El margen mueve. Cierto. Estar en la orillita te obliga a ser creativo y a proveerte a ti mismo, con dos cerillos, un lápiz y un pañuelo, una mejor estancia.
En la mente se forma el cuerpo. Como escuché hace poco: primero es el espíritu, después la mente y luego el cuerpo. El margen mueve y te hace más creativo.

Daniel Salinas, poeta y periodista

Mi querido Daniel Salinas, además de estar con un ojo en el gato y otro en la llegada de su primer hijo, se dio el tiempo para escribir en su blog Eterno retorno (http://cunadeporqueria.blogspot.com/) un fragmento de la historia de nuestra amistad, y de paso anuncia, en un estilo que le agradezco, mi próxima lectura en escena:

Natural born poet en la "Cenicienta del Pacífico"
La Nostalgia abandona la penumbra y se sube a una nube ensenadense.

Hace ya algunos años, muchísimos en realidad, a principios de la década de los 90, alguien me sugirió que diera forma a algunos vómitos furiosos materializados en letras; viscerales escupitajos que en algún momento alguien se atrevió a llamar poemas y, lo que es peor, yo me atreví a publicar.
El decir que tenía 18 años de edad no es justificante. Aquello era una monstruosidad que a nadie se le desea. Siguiendo el consejo de pulir e intentar, en la medida de lo imposible, dar estructura a esos exabruptos, fue que ingresé al Taller Literario de la Universidad Regiomontana donde conocí a sui generis personajes, empezando por su coordinadora, Mara Gutiérrez, poetisa, cantante e iluminada mujer, habitada por espíritus arameos capaces de hacerla sorprender y sorprenderse con las más fascinantes improvisaciones. Nunca volví a ver a Mara, como nunca volví a ver a la inmensa mayoría de los integrantes de aquel grupo que integré entre 1993 y 1994.
Con el único que mantuve y he mantenido desde entonces una amistad que atravesó las barreras del tiempo y de la edad, es con Gerardo Ortega, un auténtico Natural born poet, tal vez el único de su especie que conozco.
Hay gente que en algún momento de su vida le da por hacerle a la poesía. Ortega en cambio nació con ella. La poesía es su auténtico tatuaje púrpura, su sábana de nubes arrastrada por una mañana eterna, la paloma cuya historia no fue breve. Un poema búlgaro que fue mucho más lejos de Sofía. De Sardica a Yadivia y de Monterrey a Ensenada hay infinitos valles y un amor (el orteguiano amor, que tratándose de él, es cosa seria) La vida de Ortega es un poema, para señas más específicas un poema de amor.
Mientras yo liberaba demonios y dagas sangrantes, él ponía púrpuras tatuajes en corazones rotos. Su Daimon es el duendecillo ese al que llaman amor, el mismo que por azares del destino, lo ha transformado en un visitante habitual de tierras bajacalifornianas. Toda su poesía apunta hoy en día a Ensenada.
Yo le he dicho que se nacionalice ceniciento, que tramite su carta de ciudadanía ensenadense, que Monterrey estuvo bien para crecer, pero hoy en día esa ciudad apesta a mierda y está podrida. Sospecho que algún día me hará caso.
Por lo pronto, si su poesía apunta a Ensenada, justo es que venga a leerla, o más bien dicho a recitarla de memoria, a la orilla del Pacífico.
La cita es el próximo sábado y yo no podré estar ahí. El oráculo vaticina que esa noche de sábado estaré cambiando un pañal, o estaré montando guardia en la maternidad o acaso, en el más improbable de los casos, mirando el reloj para ver a qué horas se le ocurre venir al mundo a este Señor Conejito tan fascinado con el juego del pastor mentiroso.
Yo no podré estar ahí, pero si algún improbable lector anda por rumbos cenicientos esa noche, de verdad le recomiendo que se de una vuelta por La Alcoba.

La duda

Como la duda es cara, quizá debemos saberla empeñar sólo en ciertos casos y a nuestro favor.

La lectura

Desempolvé los recuerdos, y me di cuenta que ya no soy el jovencito aquel de las lecturas, amoríos, soltero aún no reciclado.
Sí, me enorgullece aquel boom de poesía que alguna vez tuve. Ese de notas en los periódicos, de entrevistas en la prensa. La vida es corta y hay que vivirla. Pero me doy cuenta que el amigo más nuevo que tengo es de hace seis años, el más antiguo es de hace 30. Parece que los años ya pasan como antes pasaban los meses, esperando el cumpleaños o la Navidad o cualquier fecha del año que antes parecía muy lejana.
Poncho será mi amigo para siempre, eso espero. A Lázaro lo tengo muy descuidado. A Daniel espero verlo en unos días, y si no lo veo es que estará al lado de su primer hijo, recién llegado a este mundo.
Al Yorch, con quien salí de campamento muchas veces entre los doce y los catorce años no lo he visto en meses.
El pasado, la juventud es una tierra lejana que alguna vez conquistamos. Acabo de subir fotos de cuando empezaba en los caminos de la literatura. La neta no siento que haya avanzado mucho, pero sí que ya son muchos años. Antes leía más. Ahora que desempeolvé libros y recuerdos, hay muchos libros que no he leído. Antes calculaba que había leído más del ochenta por ciento de los libros que poseía, ahora no lo sé; me asaltan por aquí y por allá títulos de poesía que no sabía que tenía.
El sábado, ante un público desconocido, será la primera vez que presente parte de mi obra yo solo en escena pero con plena conciencia de una transmisión de emociones, con conciencia de que será una lectura a mi pleno gusto y responsabilidad en el sentido dramático del término. Hoy sé que mis textos me han costado vivir de prisa, pero que ha llegado el momento de no mostar el trabajo de un aficionado de las letras; siento una gran responsabilidad, primero ante mí mismo, y en segundo ante las cinco o quince o cuarenta o cincuenta personas que asistan a la lectura del sábado.
Por fortuna estará mi mujer.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Hijos, padres, todos jóvenes

Valentina, la hija de mi estimado Alejandro, nació el 20 de julio. Diana, la hija de mi queridísimo Lázaro nació el 10 de octubre. Íker, el hijo de mi muy querido Daniel, quizá nazca mientra yo termino de escribir esto. Y el bebé de mi querido Poncho, nacerá a principios de diciembre. Todos son papás primerizos y todos andan entre los 35 y 40 años.
Además del enorme gusto que comparto con ellos por esta misteriosa alegría, me parece que cada vez más estamos posponiendo la paternidad. La situación económica no es para menos, pero sin duda estamos en otra generación que sí comparto y no.
Mis cuates andan más o menos por mi misma edad, pero cuando nació mi primer hijo yo tenía 25 años cuatro meses y y un día, y esa juventud, entiéndase inmadurez, hace que cometamos más errores.
Aún me siento joven, pero no me imagino teniendo un hijo a esta edad. Por lo pronto vivo en una casa de solteros tratando de ser nutricio y de poner buenos límites a los otros dos varones que viven conmigo.

Finanzas del corazón

¿Deberá ser el amor un enorme riesgo calculado?

viernes, 20 de noviembre de 2009

Patíbulo

Por lo general no sueño, o al menos no lo recuerdo al despertar, pero la semana pasada tuve un sueño algo vívido.
A lo lejos veía a dos hombres encima de una tarima alta de madera. Uno de ellos lo iban a ahorcar y el otro le decía algo muy de cerca. Al irme acercando me di cuenta que el que iban a ejecutar era el mismo Hitler, quien tenía la cabeza cubierta.
La escena sucedió con la textura que tienen las películas de guerra en blanco y negro, la diferencia es que a medida que me iba acercando escuchaba las voces de los dos. Luego vi todo de abajo hacia arriba, empezando por los pies y Hitler quedaba colgado en una imagen que me conmocionó. Clarito oí las voces.

Me gustaría mucho elegir con quién soñar, jejejeje.

Subestimar

Denigrar o subestimar de manera difrazada: "También tiene su corazoncito".

La lana

El dinero (o la falta de él) deja a la vista cosas que ignoramos.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Antes de

Lo que tenía que decir lo dijo Sabines mucho mejor, viejo cabrón:

Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden ¿Por qué?
Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas. ¿Es que somos distintos?
Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

martes, 17 de noviembre de 2009

Las cosas simples

Ayer que salí a caminar me dio mucha sed, pero no traía lana, sólo mis llaves y una cajetilla a la mitad. Pasé por la Central de Carga y detrás de una reja vi que un bato lavaba un tráiler y estaba una llave abierta. Le pedí permiso para tomar agua y me dijo que sí con una seña. Lo vi como que receloso o tal vez muy ocupado o quizá fastidiado. Le di las gracias y ya para irme saqué la cajetilla y le ofrecí un cigarro. "Me caíste del cielo, compa", me dijo. Y sonrió. Digamos que él me regaló una sonrisa.

Corazón

Se desprenden de mí
capas de corazón reseco
pero por dentro está fresco
palpitante y expuesto
Lo enterraré en el patio
cantaré con tambores
convocaré al espíritu
Si florece bailaré
Y florecerá

lunes, 16 de noviembre de 2009

Musicalizar un texto

No he escrito mucho este año (han sido días felices, qué le vamos a hacer), pero en cuanto a creación se refiere hay una serie de textos que los agrupé bajo el título de Ópera Carmen, un nombre cuyas razones gritan alegremente su obviedad.
Durante mi viaje a Dallas conocí a varios cantaautores de aquí de Monterrey que ya han estado haciendo algún trabajo muy chido, incluso escuché la musicalización de un poema de Arnulfo hecho por el Valdi (Víctor Hugo Valdivia: su música está en www.myspace.com/valdiviaesparandrapo, su foto está en: http://www.panoramicafotografos.blogspot.com/

Bueno, pues estaba hablando hace rato con el Valdi y me dijo que le habían gustado un par de textos que le mandé de la susodicha serie, y que se pondría a trabajar en ellos. De las rolas que ya le he oído mi favorita es una que se llama Franky, sacado como les comento del texto de Arnulfo. La canción actualiza la historia de Frankestein, en donde el doctor del mismo nombre toma a un tipo para tranformarlo en el monstruo que todos conocemos. Pero resulta que el tipo estaba enamorado y ahora lo ha dejado peor, porque modificó su cerebro "pero no su corazón". "¡¡¡Usted y su maldita inquietud científica!!", le espeta el ser a su creador. Muy chida la rolita.

Pues bueno, me dice el Valdi que le gustó mucho el texto de Mi nube, como para ponerle musiquita. Sería un honor que un poema mío fuera cantado por él.



Mi nube

Conocí a mi nube en el verano
Como ella venía del mar
y yo del desierto
me dio de beber
aire fresco

La que hoy es mi nube
pinta el cielo
sin guardar las formas
yo la respiro
y me siento contento

Quiero a mi nube
y a mis hijos les gusta
me preguntan a dónde
irá ella si llueve

Les digo que la tendremos
dentro de casa
arriba del ropero
mientras escampa

Pero no creo que aguante
mi nube es tan libre
que una mañana
se irá a pasear
alrededor del mundo

Por eso abrazo a mi nube
y le digo adiós cada noche
Te querremos siempre Nube
aquí tienes tu casa
ven a desayunar

La elección del punto de vista. Mi Tía Montse

Veo poco a la Tía Montse, pero quizá una de las más memorables fue la vez cuando la fui a ver al hospital. De eso han pasado unos cinco o seis años, no recuerdo bien; ah, sí, era a principios de diciembre porque ya estaba haciendo frío. Ella se estaba recuperando de la tercera operación en menos de dos meses. Cuando llegué estaba sola y apenas se estaba recuperando del todo de la anestesia. Al verme se le iluminó el rostro y sonrió mucho, creo que rió un poquito de franco gusto. Yo le entregué unas flores que le llevaba y eso pareció darle más gusto. Me dijo que ya estaba bien, que lo más seguro es que saliera al día siguiente.
En esa época la visitaba más o menos una vez al mes. Me recibía en su casa siempre con la misma pregunta: "¿Ya comiste, Negro?", yo me quedaba a comer o cenar y a platicar de todo y de nada. "Fui al doctor a mi chequeo, y me dijo que estaba bien", me decía. Yo le contaba de mis hijos y de mi trabajo, de mis cosas.
Por aquel tiempo mi novia de ese entonces y yo teníamos planes de vivir juntos. Yo estaba muy entusiasmado y así se lo había dicho. Lo último que le había contado es que estábamos buscando una casa. Mi novia vivía en otra ciudad y se iba a venir a Monterrey. Yo tenía un viaje planeado para afinar los detalles.
Pero el viaje nunca se realizó.
Una mañana de domingo mi novia me llamó para cortarme. Dijo que lo había pensado bien y que lo hacía por su bien. No me dio más explicaciones y ante eso tampoco había mucho qué agregar. Le agradecí todo lo feliz que fui y le desee que le fuera muy bien. En cinco minutos todo había terminado y yo me quedé hundido en una sensación de azoro e irrealidad que me dejó como zombi por un buen tiempo.
Durante todo un mes me sumí en la lectura desaforada y febril de los libros pendientes. Eso me tranquilizó e incluso encontré algunos buenos y concretos asideros a ese luto imposible. A los pocos días de la llamada sucedió mi visita a la Tía Montse. Vamos, no es mi tía, pero le digo así por el invisible lazo que nos une.
Ahora estoy en el hospital viéndola postrada y pálida. Pero también optimista, como siempre. Luego de los comentarios de rigor sobre la salud y el trato de los doctores, me preguntó casualmente: "¿Ya mero te vas, verdad?". Creo que no fue por apoyarla sino por mero instinto que le tomé su mano sobre la cama. Y la apreté. Creo que quise sonreír pero me habrá salido una mueca dolorosa y sombría. "¡Ay, Negro!", me dijo en un lamento. Y en su cara vi mi propio dolor. Le dije que el viaje se había cancelado, y la verdad no había más que decir que no entendiera ya con eso. Todo la historia estaba dicha. Al verla sentí como si yo fuera el que estuviera convalenciente y ella la persona joven, sana y de pie que estaba enfrente.
Ella sonrió compasiva pero guardó silencio. El silencio es lo único que veían los minutos que pasaban lentos en un cuarto de hospital en donde yo deseaba estar anestesiado por una semana entera.
Ya para despedirme, le di un beso y me dijo algo que se me quedó grabado:"Y recuerda siempre saber perdonar, saber soltar... y saber bailar". Jajajajaja, y ambos nos reímos. Y con esa risa se desprendió un globo de mis dedos que salió por la ventana y se elevó por los aires y se fue volando lejos, muy lejos.
De mi novia aquella supe que se casó a los dos meses y formó una familia. La vida había dado un giro y entendí que hay un momento para cada cosa. Y ese no era mi momento, mi minuto.
Mi Tía se recuperó y la admiré aún más por su serie de visitas al quirófano y la paz que mantuvo su espíritu bien templado. Ahora da terapias gratuitas y dos veces a la semana se va a bailar con sus amistades.
Pues ayer cumplió años y la fui a visitar para felicitarla. Tocó también que mi espíritu estaba inquieto. Me dijo que acacaba de llegar de una fiesta donde le pusieron algunas canciones que le gustan mucho. "¿Has escuchado Madrigal?", me pregunta sonriente. Yo le contesto con un no. "¡¡¡Uuuuy, muy linda canción!!!", y espero que la empiece a entonar, pero se va a la cocina. "¿Ya comiste, Negro?", y antes que le diga que no pero que no tengo hambre, me dice que en la mañana le habló su hijo que vive en el otro lado y que dijo que vendría para Navidad. Luego se sienta en su sillón favorito mientras ve la tele. Es como si me ignorara sin ignorarme. Pero la veo muy entretenida en lo suyo. "Te quería contar algo, Tía", y unos momentos despúes empiezo con mi relato. Le doy antecedentes con privadas, callejones y avenidas, silueteando mis fantasmas, alegrías y deseos. Le digo de qué forma pienso que la estoy cagando y que en pocas palabras voy por el camino equivocado y ya no quiero estarlo pero que de alguna manera tengo que retroceder. Pasan unos 40 minutos en los que me mira en silencio. Cuando después de todo ese enredijo yo solo llego a lo que parece todo el meollo del asunto, una cosa que suena hoy a muy simple, ella se ríe y eso me para en seco. ¡¡¡Le estoy contando el drama de mi vida y a ella le da risa!!! La neta me saca mucho de onda. Pero no me da enojo ni coraje ni nada.
Al contrario, en un instante me escucho toda la sarta de chingaderas que acabo de decir que yo no supe de dónde me salieron. Pero ella me mira de una forma bondadosa, sonriente, compasiva. Sin juicio ni burla. Sólo sonríe como si estuviera diciendo algo chistoso. A mí también me da por sonreír. "Acuérdate que todo pasa", me dice. Y me da risa de lo simple.
En eso se levanta de nuevo a la cocina y yo siento que todo ya pasó y es en realidad más simple. Faltaba cambiar el punto de vista, me digo. Soltar el globo. Ayer regresé a casa viendo todo más simple, pero el cierre me lo dio hoy mi hijo Ernesto.
***
Estábamos almorzando unos ricos tacos en tortilla de harina que ellos ayudaron a palotear. Después de limpiar la mesa de toda la harina regada devoramos los tacos con muy poca discreción.
En eso el Inti me pregunta que cuánta distancia se puede ver hacia el mar. Es decir, qué distancia hay desde la orilla hasta donde alcanza la mirada. Me quedo pensando un momento y le digo que unos 100 kilómetros, más o menos.
Le comento que cada vez que voy Tijuana, estoy atento al cruzar el Mar de Cortés. Me gusta mucho ese paso porque por más que busco no alcanzo a ver las dos orillas al mismo tiempo. Le digo al Inti que si a diez mil metros no se ve una orilla de la otra, mucho menos se podrá ver parado en una de las costas, y por lo poco que sé, el ancho del Mar de Cortés anda en algunas partes en los 200 kilómetros. Sin embargo, lo que sí es un hecho es que dura aproximadamente 15 minutos el panorama; además del acto mismo de volar, es de lo más asombroso del trayecto.
¿Cómo es que en un lapso de 15 minutos se puede ver la otra orilla, algo imposible desde una de las costas?¿es más hermoso recorrerlo en avión que quedarse en una de las playas imaginando que allá, lejos, debe haber otra costa como nos lo dicen los mapas? ¿antes del uso de los aviones, habría sido posible imaginar ver ambas orillas en menos de una hora? en pocas palabras, ¿qué es lo que hace tan distinta la percepción del mismo par de objetos que ahí han estado desde antes?
La respuesta es el punto de vista. O dicho de mejor manera: la elección del punto de vista. Aquí comprendo lo que dice la Tía Monse, esa que pudo morir hace años en el quirófano, en cuanto a saber soltar, saber desprenderse, porque soltar es elegir cambiar el punto de vista, dejar correr, dejarse correr.
***
Acabo de leer este poema que me gustó mucho:

Vengo, mas no sé de dónde.
Soy, mas no sé quién.
Moriré, mas no sé cuándo.
Camino, mas no sé hacia dónde.
Me sorprende que esté contento y ría.

***
En cuanto a las recomendaciones de mí Tía, creo que estoy aprendiendo a soltar, porque en cuanto a bailar se refiere, para eso me apunto solo.

***
Sin duda mi Tía ha andado buceando en sitios más hondos que el Mar de Cortés. Ha buceado en el corazón: Ahorita me acaba de llamar para invitarme a una de sus reuniones. "...Y como hoy es festivo...", dice como si sus reuniones necesitaran justificación.
Si mi mamá acepta quedarse con los niños hoy, me cae que me lanzo un rato.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Alcancías infantiles

Hace unos días platicaba con una amiga que tiene una hija ahora de 32 años. Me contaba que hace años, cuando su hija estaba más pequeña y vivían ellas dos solas, parte de lo que ella ganaba se lo repartían a partes iguales para gastárselo en lo que cada una quisiera.
Un poco a cambio de eso, la hija tenía que cumplir con una lista de obligaciones dentro de casa. Una especie de aportación y recompensa de cada una a la familia que formaban, una familia de dos.

Eso me viene a la mente por el tipo de acuerdo que uno hace con los hijos. Unos incluso pasan por las retribuciones económicas o al menos por cierta contabilización de los bienes recibidos.

En esta línea, hace unos días acordé con mis hijos que les iba a pagar cierta cantidad en dinero por cada libro que leyeran, específicamente por cada página. A pesar de que el tabulador lo puse yo mismo, hoy a mediodía al ver mis ahorros comencé a arrepentirme.

Las cotizaciones van desde los 10 hasta los 80 centavos por cada página, dependiendo de que ésta esté repleta o sea sólo unas cuantas líneas y el resto sean ilustraciones.

Debo aceptar que con esto los niños se han mantenido más lejos de le televisión, pero por otra parte, veo que estoy endrogado con ellos, pues hasta el momento Ernesto lleva 100 páginas de Harry Potter (algo así como 80 pesos a 80 centavos por página), Andrés, a puro cuentito corto creo que lleva sus buenos 50 pesotes. A este ritmo los recibos están comenzando a valer madre.

Bien cuajados los morros. Se la pasan leyendo y llene y llene su alcancía. Chale, quién me manda andar de novedoso.

El psicoanálisis, la poesía y las personas "prácticas"

Mientras estaba pisteando muy a gusto, leía un libro de Ignacio Solares que se llama Cartas a una joven psicóloga. Más bien lo estoy releyendo. Aunque me gustaría ser tan buen reseñista, como por ejemplo mi querido Daniel Salinas, me quedo en unas cuantas ideas, algunos párrafos que me han llamado la atención. Aquí van dos que me gustaron:

Mas he aquí que mientras de siglo en siglo se libraba el combate del mago y el
científico, un tercer protagonista llamado poeta continuaba sin oposición alguna
una tarea extrañamente análoga a la actividad mágica primitiva. Su diferencia
con el mago —cosa que lo salvó de la extinción— era su aparente desinterés y
desubicación, el andar siempre "en la luna", el proceder más por "amor al arte",
por nada, por un puñado de hermosos frutos inofensivos y consoladores: la
belleza, la alegría, la conmemoración, la música de las palabras. Como ha dicho
Julio Cortázar: "el poeta a continuado y defendido un sistema análogo del mago,
compartiendo con éste la sospecha de una omnipotencia del pensamiento intuitivo,
el valor sagrado de la metáfora" (...) " Y de ahí, de la luna, fue de
donde Freud bajó al poeta para ponerse a trabajar con él, codo con codo. Sin su
afición a la poesía quizá jamás hubiera concebido los fundamentos del
psicoanálisis.



Aquí otra reflexión digna del observador que demuestra ser Solares, como buen escritor que es:

¿Te has fijado cómo las personas fuertes y sanas, siempre atareadas, no
tienen tiempo para las cuestiones sobrenaturales, y este rechazo temperamental
los lleva a deducir que el mundo material y "práctico" en que viven es el
único real?.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Amo su cuerpo y hablar hasta las cinco, me duermo sin deseo y abrazándola respiro. Quizá mañana hablemos este idioma, y si no lo hablamos será parte de la vida. El amor responde cuando uno no lo llama, y si te abalanzas sale corriendo en desbandada.

Los 150 años del Registro Civil en Nuevo León


martes, 10 de noviembre de 2009

El Berlín

El sábado 25 de octubre del 2008 aterricé en el frío aeropuerto Schonefeld de Berlín, luego de un viaje de dos horas y media en un vuelo procedente del aeropuerto de El Prat de Llobregat de Barcelona. El Boeing 737, pintado de un favorito color naranja, distintivo de la línea Easyjet fue quedando atrás mientras me encontraba con mi hermana y con Gabriel Farkas, un doctor en Matemáticas de 35 años que también me esperaba para llevarme no sabía bien a dónde.
En el recorrido de una hora en Metro, Gabriel me hablaba en un inglés imposible primero de la historia de Hungría, y más adelante, de aquel Berlín de fines de la Segunda Guerra Mundial.
Mi hermana confirmó lo que sospeché desde un principio de la charla, al licenciado Farkas le apasionaba la historia, y creo que fue el mejor guía que pude tener en aquel viaje.
A cada pregunta mía, él se esforzaba, con la intermediación de mi hermanota, de explicarme algunos pormenores del Muro, qué abarcaba y quiénes quedaron de cada lado.
Caminamos todo lo que pudimos por Berlín. Por la noche me llevaron a cenar al Berliner Bürgerbräu, que estaba en la casa-museo de Bertolt Brecht, ese autor que nació el 10 de febrero de 1898, el mismo día un siglo antes que mi hijo Erntesto Inti.
Al día siguiente fuimos al Charlie checkpoint, antigua especie de aduana aliada, ahora convertida en punto turístico, con recuerditos a la venta incluidos.
Mientras recorríamos la Puerta de Brandemburgo, Farkas me comentaba de las varias Orquestas Filarmónicas que existían en la ciudad, y de cuál era la sede de cada una de ellas. Yo lo entendía como cuando en México se asocia un estadio con el equipo que juega en esa plaza. Sólo que aquí hay como diez orquestas. Me habló también del carácter de Herbert von Karajan, y de que, al menos para él, para mi acompañante, era posible distinguir su estilo de dirigir una misma obra respecto de otro director.
Fuimos al Monumento al Holcausto Judío, también a donde estuvo el centro de operaciones de Hitler (no quedaba nada más que un letrero y un mapa turístico). En general fue un recorrído vertiginoso, lleno de información y sensaciones en un periodo muy corto.
Si me preguntaran cómo resumiría el espíritu de la ciudad, de esa llaga cubierta de nuevos edificios y viejas construicciones, me quedaría con el tema de la memoria. Trataré de explicarlo mejor:

sábado, 7 de noviembre de 2009

Elegir

En cuestión de pareja, escoger la persona es una de las elecciones más soberanas que podemos tener. Si algún día pensara en compartir mis días por el resto de mi vida, como frecuentemente lo pienso, no dudaría en que esa mujer fuera mi Carmen.
Se lo pediría diez veces hasta que me diera el sí.

El Gabo

¿En qué momento comienza un viaje?¿En el momento de arrancar el autobús, el automóvil o el avión?¿En el momento de comenzar la maleta?¿En el momento de tomar la decisión de hacer el viaje? No lo sé exactamente, pero me inclino a pensar que el viaje empieza en el momento en el que lo comenzamos a vivir, sea meses antes o días después de haberlo concluido.
Quería hablar del viaje que hice la semana pasada, pero me doy cuenta que tendría que hablar antes de Gabo, y todo el comienzo de mi relación con él inicia hace 17 años, cuando entró al taller de creación literaria de la Unversidad Regiomontana. A pesar de que yo no fui estudiante de la UR, ya era la segunda época en la que acudía. La primera fue durante el año anterior y lo coordinaba Graciela España, pero estamos en el 92, y Mara Gutiérrez, líder, diva, poeta, dos años años mayor que yo, era la que se hacía cargo.
El taller de la UR se caracterizaba por programar con cierta frecuencia lecturas dramatizadas, mezcla de recital de poesía con algo de juego escénico. A veces sólo una mesa y dos sillas formaban parte del escenario. En total erámos entre cinco y siete integrantes, pero los que estuvimos más en forma fuimos Mara, Jorge Ramón Sáenz, Alfonso Araujo, Daniel Salinas, Gabo, Gerardo García, Lourdes Falcón y yo. Hace tiempo me di cuenta que Daniel ya había salido cuando Gerardo García entró, y que Lourdes no estuvo desde el principio, pero participó en muchas lecturas.

Gabo llegó al taller en el año 92, creo que en verano. Llegó con audífonos, botas, venía estilo potranquito, como alguna vez le dije. Yo aún tendría 19 y el andaba cumpliendo los 17. También, como casi todo el resto del taller, el era estudiante de la UR.

El 9 de octubre del 92 fuimos Gabo y yo por primera vez a un teibol. El famoso TVOSO, sobre Zaragoza. Ahí una chica, mientras bailaba se acuclilló ante mi vista, me tomó los lentes, los dobló y se los pasó lentamente por allá, ante la risa de Gabo y el pasmo mío. La piel de una mujer era algo novísimo para mí.

A partir de esa primera ida a un teibol escribí un poema que se llamó Las chicas TVOSO.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Las miradas

En el puerto
había una bandera enorme.
La luz era muy brillante.
Y tú y yo nos mirábamos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El crédito

Le pasó a mi amigo Luis Valdez. Una promotora de tarjetas de crédito lo interceptó. A pesar de las aclaraciones de él, la chava le siguió diciendo por un buen rato su punto de vista, las bondades del banco y los beneficios de la tarjeta. Luego se pasó otros 15 minutos preguntándole sobre sus hábitos de consumo. Pregunta tras pregunta. Todo lo anotaba. Luego de un buen rato, la chava le dijo, como si lamentara algo por él: "Disculpe, pero no podemos recibir su solicitud de crédito", luego, muy digna, se alejó.
Ese es el sentimiento que tengo yo ahorita, pero más triste.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El viaje

Nunca había estado en Dallas, ni me había parado en el lugar en que le volaron la imaginación a Kenedy. Leí mis poemas por allá; leímos.
El día que llegamos nos llevaron a un restaurante de comida mexicana llamado Calle doce. Ahí le ofrecían una comida a José José, quien era el centro del homenaje al que fui. Platiqué con este señor que me cayó muy bien, me recitó unos textos de Manuel Alejandro y me dijo que a él le gustaría saber escribir. Al volver a encontrarnos a la salida, me tiende la mano y de paso me dice: "Hasta luego, poeta". Definitivamente muy amable el hombre.
El Festival Letra y Música lo organiza desde hace varios años mi querido Gabo (Josué Gabriel Montemayor). Las lecturas fueron en la Biblioteca de Dallas y en un restaurante español con un tablao para flamenco que se llama "De tapas". El dueño, Carlos, es idéntico a ese otro madrileño que se llama David Summers, de los Hombres G. La biblioteca de Dallas es enorme, parece el vestíbulo de un hotel de lujo grandísimo.

No participé en todos los hechos colectivos o privados que la banda armó para festín del cuerpo, de los sentidos o simplemente del derroche de vitalidad y el gusto de estar vivo. Pero atestigüé, presencié, brindé por unos y por otras, aposté por unos, canté con otros. Como olvidé mis textos
me planté de pie en el escenario y les contaba historias en las que entrelazaba mis poemas.

Varios tuvieron la amabilidad de acercarse. Un señor me dijo que le recordaba a Eugenio Derbez quien le gustaba mucho. Chale. Ni hablar, con que le haya gustado, jejeje.
Inventaba o confesaba y después sacaba otro poema de los que todavía me acuerdo. Vi caras de interés y de sonrisa. Sentí que varios se identificaron con algunos de los textos, porque asentían.

Mis cuates y yo nos reímos tanto como creo que nunca lo había hecho. Reímos de nuestras frases, de las mismas expresiones procaces y chidas que repetíamos para todo y vuelta a reír. En el coche (la mitad de la vida nos la pasamos arriba de un coche que parecía de narco). uno empezaba su relato y el otro intervenía para salir con una mamada que nos doblaba de la risa a todos. Reímos mucho, dormimos poco, cantamos todas las que nos supimos, yo preguntaba todo lo que no sabía y si quieren saber más, sí, las pinches gringas están bien buenas. Por esta festividad en la que acostumbran disfrazarse, unas chavas se vistireron de vaqueritas de Dallas y obviamente tenían al personal en la orillita del deseo. Los que ligaron en su mayoría fue el gremio dedicado a la música. Los escritores mirábamos con cierto recelo jejeje (será envidia, jajaja) y hacíamos comentarios del tipo, "Te apuesto cinco dólares a que no se la liga". Otro de la raza dijo: "Mira, ya se están besando", y otro agrega: "Pues sí, la chava es la más guapa de todas", "No", agrega, "¡Yo podría besarlo a él mucho mejor!" jajaja. Un desmadre.
Creo que fueron tres días exactos en los que el viaje se parecía mucho a unas vacaciones todo pagado, mezcla de presentación artística y viaje de negocios.

La raza tomó fotos chidas que espero subir al facebook pronto.